Bitácora: soy preso de mi libertad.


 Desde muy temprano, con los primeros destellos del astro rey, suena nuestro despertador, anunciando el inicio de una nueva jornada. El despertador es la alarma en el teléfono celular. Desbloquemos el dispositivo e ingresamos a Twitter, Facebook, Instagram, Whatsapp. Luego, tomamos la siempre compleja decisión de levantarnos, y entre bostezos y estirones, hacemos a un lado el equipo, para cumplir con lo hábitos de higiene. Ya con más energía, nos vestimos y degustamos una taza de café mientras vemos las noticias a través del celular. Informados y listos, partimos a dar la batalla por sobrevivir, llevándo en el camino al celular reproduciendo con auriculares nuestra música favorita, para hacer más placentero el recorrido.

 Llegados al puesto de trabajo, encendemos el computador. Una vez éste iniciado, ejecutamos la aplicación de correo electrónico y desplegamos aquellas otras aplicaciones que usamos regularmente en nuestra labores. Al cabo de un par de horas, decidimos abrigarnos pues no soportamos el frío causado por el aire acondicionado, y al mismo tiempo vamos verificando las interacciones de nuestros conocidos en las redes sociales. Mas o menos así, transcurre la jornada y una vez culminada tomamos camino a nuestros hogares. Revisamos el equipo celular, encendemos la pc y leemos noticias, luego quizás vemos un poco de televisión pero no sin antes revisar el celular. Después vamos a la cama, vemos el celular por última vez y verificamos que el despertador esté programado.

 Y decimos en nuestro corazones: soy libre, no soy esclavo de nada, ni de nadie.


Imagen: Shutterstock

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